Nicodemo

Nicodemo fue un fariseo miembro del Sanedrín, su nombre es de origen griego, era un líder de los judíos. Nicodemo visitó a Jesús de noche para analizar sus enseñanzas.  Escogió las horas nocturnas por temor a que si lo veían sus colegas fariseos entre quienes Jesús decididamente no contaba con simpatías, lo ridiculizaran, a juzgar por lo que nos dice el evangelio según San Juan (Jn 19,39), Nicodemo debe haber sido un hombre de medios, y es probable que ejerciera cierta influencia en el Sanedrín.

Aunque era un maestro en Israel y había estado interesado en el mensaje de Cristo, ignoraba algunos principios elementales del reino de Dios como los predicaba Jesús, de ahí que haya ido a buscarlo para decirle: Rabí, sabemos que has venido de parte de Dios como maestro, porque nadie puede hacer señales milagrosas como las que tú haces, a no ser que Dios este con él.

Jesús le responde: “De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios” (Jn 3,3). Con esto Jesús estaba asegurando que sin importar que él fuera maestro de Israel, que fuese judío y que tuviera una religión, necesitaba un cambio interior por la obra del Espíritu. Ni todas sus creencias o rituales podían darle entrada al reino si no tenía esta experiencia.

Este nuevo nacimiento es espiritual, no físico como se lo imaginaba Nicodemo. Jesús nos dice: “Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es, y es del agua y del Espíritu” (Jn 3, 6) y “el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios” (Jn 3, 5).

“¿Cómo puede un hombre nacer de nuevo cuando es viejo?” (Jn 3,4), Nicodemo aparece en esta entrevista como un creyente inteligente e instruido, pero tímido y no fácilmente iniciado en los misterios de la nueva fe. Jesús se está refiriendo al bautismo, pero también a una conversión, no es posible entrar de nuevo en el seno de nuestra madre, pero si es posible por medio del Espíritu volver a nacer a la verdad y la Vida que es Cristo.

La entrevista debió haberle hecho una profunda impresión. Aunque no llegó a ser un discípulo de Jesús, la semilla sembrada aquella noche llevó frutos con el transcurso del tiempo. Unos pocos meses antes de la crucifixión, cuando los miembros del Sanedrín, en una de sus reuniones, denunció a Jesús como un impostor, Nicodemo levantó la voz en su defensa, preguntando si era permitido que se condenara a un hombre antes de haberlo escuchado.  Su intención era que Jesús tuviera la oportunidad de explicar y justificarse, las cosas no terminaron como el esperaba. Sin embargo, es muy seguro que después de la muerte de Cristo en la cruz y los acontecimientos posteriores, el realmente haya entendido y se haya convencido de la identidad de Jesús.

Y bueno hermanos reflexionemos entonces que para nacer primero hay que morir, si, morir a todo aquello que nos aleja de Jesús y de sus enseñanzas, morir al egoísmo, a la mentira, al engaño, a la comodidad, a la crítica, al rencor, no puedes llenar tu vida del amor de Cristo si no la vacías antes de todo esto, si no sacas de tu corazón toda la inmundicia; vacía tu corazón y deja que Cristo ilumine tu vida, que la llene de su amor, de su misericordia, de su ternura, de su sabiduría,  pues tanto amo Dios al mundo que le dio a su Hijo Único para que quien cree en él no se pierda, sino que tenga vida eterna.

El presente escrito fue tomado de la reflexión personal del equipo de presentadores del programa sabatino de radio Palabra y Vida coordinado por Jorge A. Cervantes Alday, y es transmitido en Radio Guadalupana (1240 AM) en Ciudad Juárez, México.

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