Lo Discípulos que Abandonaron a Jesús

El evangelista Juan en el pasaje del capítulo 6 describe como Jesús se revela como el pan de vida, le recuerda al pueblo judío que sus antepasados comieron el maná en el desierto para sobrevivir, pero murieron. En cambio, les dice: “Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo. El que coma de este pan vivirá para siempre” (Jn 6, 51)

Esto confundió a los judíos que se preguntaban entre sí como podría darles a comer su carne, y Jesús los escandalizó aún más al afirmar: “En verdad les digo que, si no comen la carne del Hijo del Hombre y no beben su sangre, no tienen vida en ustedes. El que come mi carne y bebe mi sangre vive de vida eterna, y yo lo resucitare el último día” (Jn 6, 53-54)

Al escucharlo, unos de sus discípulos dijeron: Este lenguaje es muy duro ¿Quién querrá escucharlo? Sabiendo Jesús que sus discípulos murmuraban por esto, les dijo: ¿Esto los escandaliza? ¿Qué será entonces cuando vean al Hijo del hombre subir adonde estaba antes?… El espíritu es el que da vida; la carne no sirve para nada. Las palabras que os he dicho son espíritu y son vida. Pero hay entre vosotros algunos que no creen. Desde entonces, muchos de sus discípulos se volvieron atrás y ya no andaban con él. Jesús pregunto a los Doce: ¿También ustedes quieren marcharse? Pedro le respondió: Señor, ¿a quién iremos? Solo Tú tienes palabras de vida eterna, y nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo de Dios.

A veces, nos preguntamos “¿Para qué sirve la misa?” La eucaristía no es una oración privada o una bonita experiencia espiritual, no es una simple conmemoración de lo que Jesús hizo en la Última Cena. La Eucaristía es “memorial”, o sea, un gesto que actualiza y hace presente el evento de la muerte y resurrección de Jesús: el pan es realmente su Cuerpo donado por nosotros, el vino es realmente su Sangre derramada por nosotros.

La eucaristía es Jesús mismo que se dona por entero a nosotros. Alimentarnos de Él y vivir en Él mediante la Comunión eucarística nos nutre y fortalece el espíritu, nos ayuda a vencer las tentaciones, nos ayuda a discernir entre lo bueno y lo malo que hacemos, que pensamos, que decimos, si lo hacemos con fe, transforma nuestra vida.

Hay que desconfiar de los que venden la felicidad a bajo precio, así como sospechamos cuando en el mercado nos ofrecen la fruta o el pescado casi regalados, y pensamos “Aquí hay gato encerrado” seguro esta caduco o rancio. Pues sí, ninguna felicidad verdadera es barata.

La felicidad que Cristo nos ofrece es tan luminosa y clara que mucha gente no la ve y veces cuando las cosas se ponen difíciles o cuesta arriba, nos acobardamos, nos alejamos, como los discípulos vemos como inadmisibles las palabras de Jesús.

¿Por qué? Porque buscaban la felicidad barata de los milagros, de los panes y peces gratis, porque buscaban y estaban con Jesús mientras todo era felicidad.

Por eso hoy Jesús quiero decirte que quiero seguirte día a día y servirte en los demás. No quiero marcharme ni quedarme atrás, quiero cumplir con mis deberes de esposo, de padre, de amigo, de profeta, de sacerdote, de cristiano y con mi apostolado y mi testimonio ayudar a extender tu Reino por medio de la caridad, del amor, del perdón, del arrepentimiento, de la fidelidad. 

Sin tu palabra, sin tu presencia estoy perdido. Ciertamente comer tu carne y beber tu sangre, tiene muchas implicaciones concretas en la vida diaria porque no es solamente acercarme a ti. Tú forma de amar y de servir, tu entrega plena y tu amor incondicional, me retan también para vivir a plenitud. El egoísmo propio, la comodidad y la falta de coherencia, nos hacen temer no sostenernos en la exigencia que implica tu seguimiento. Por eso hoy te pido: No permitas Señor que yo sea un desertor, ni un traidor, ni un cobarde, por eso hoy junto con Pedro también exclamo: “Señor, ¿A quién iré? Solo Tú tienes palabras de vida eterna” (Jn 6,68)

Sólo Tú me puedes dar la luz y fuerza que necesito para dejar mi autosuficiencia y mi egoísmo. Creo, espero y te amo, permite que pueda tener un encuentro contigo en esta oración.

El presente escrito fue tomado de la reflexión personal del equipo de presentadores del programa sabatino de radio Palabra y Vida coordinado por Jorge A. Cervantes Alday, y es transmitido en Radio Guadalupana (1240 AM) en Ciudad Juárez, México.

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