José

Poco se sabe de la vida de este gran santo, conocemos que es descendiente de David, que vivía en Nazaret ejerciendo el oficio de carpintero, que fue esposo de María, Padre adoptivo de Jesús y que al parecer murió antes de comenzar su vida pública.

Pues bien, José encarna las virtudes de la honestidad, el amor al trabajo y la fe inquebrantable en Dios.  La Biblia nos cuenta en los Evangelios de San Mateo y San Lucas que José se enteró del embarazo de María cuando estaban comprometidos para casarse, esta debió ser una noticia muy perturbadora para él, más si recordamos que en aquel entonces el adulterio de una mujer se castigaba con la muerte y la muerte siendo apedreada por el pueblo.  Así que el buscaba la manera de dejar a María sin ponerla en evidencia para salvarle la vida.

José era un hombre justo y bueno y en verdad amaba a María sin embargo su corazón debió de quebrantarse ante tal noticia, pero un ángel se le apareció en sueños y le reveló que el hijo que María tenía en su seno había sido concebido por obra del Espíritu Santo (cfr. Mat 1, 18-25).

Aquí podemos ver la docilidad de José para aceptar, por muy difícil que fuera, la Palabra de Dios que le estaba siendo revelada. Tan importante es el sí de María como el sí de José, pues su vida daría un giro de 180° las cosas ya no serían como él las había planeado, sino que ahora deberían seguir el plan de Dios.

José es pues un “escogido” de Dios; desde el principio recibió la gracia de discernir los mandatos del Señor, su vida sencilla y humilde nos enseña a orar, amar, sufrir, actuar rectamente y a dar gloria a Dios con toda nuestra vida.

En los relatos evangélicos no conocemos palabras expresadas por él, tan sólo conocemos sus obras, sus actos de fe, amor y de protección como padre y esposo responsable del bienestar de su familia. La Sagrada Familia fue una familia como cualquier otra, con las mismas preocupaciones, alegrías, y sufrimientos de cualquier familia, pero con una fe enorme.

Hablemos ahora del amor virginal de San José a María: José ejerció la función y los derechos que corresponden a un verdadero padre, del mismo modo que ejerció virginalmente, las funciones y derechos de verdadero esposo. En el Evangelio de san Lucas (2, 41-47) donde nos narra que, al encontrar al Niño en el Templo, la Virgen reclama a Jesús: ” Hijo, ¿por qué nos has hecho esto? Mira, tu padre y yo, angustiados, te andábamos buscando”. María nombra a San José dándole el título de padre, vemos pues que él era llamado así por el propio Jesús, pues miraba en José un reflejo y una representación auténtica de su padre celestial, ya que Dios lo había elegido para ese papel en la tierra.

La relación de esposos de San José y la Virgen María es ejemplo para todo matrimonio; ellos nos enseñan que el fundamento de la unión conyugal está en la comunión de corazones en el amor divino. Para los esposos, la unión de cuerpos debe ser una expresión de ese amor y un don de Dios. Ellos, sin embargo, permanecieron vírgenes por razón de su privilegiada misión con relación a Jesús. La virginidad, como donación total a Dios, nunca es una carencia; abre las puertas para comunicar el amor divino en la forma más pura y sublime. Dios habitaba siempre en aquellos corazones puros y ellos compartían entre sí los frutos del amor que recibían de Dios.

Como podemos ver José nos deja varias enseñanzas, la docilidad de corazón, el amor pleno y desinteresado, la responsabilidad y el compromiso con el que se lleva a cabo la misión que Dios nos da, nos enseña que el amor también conlleva a renunciar a veces a nuestros propios sueños o planes con la confianza que debemos tener en que Dios sabe lo que hace y jamás nos dejara solos.

El presente escrito fue tomado de la reflexión personal del equipo de presentadores del programa sabatino de radio Palabra y Vida coordinado por Jorge A. Cervantes Alday, y es transmitido en Radio Guadalupana (1240 AM) en Ciudad Juárez, México.

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