Esther

No se sabe mucho acerca del origen del libro de Esther, los acontecimientos que narra se sitúan en el año 483 a. C bajo el reinado del emperador persa Jerjes.  Esther era hija adoptiva de Mardoqueo quien a su vez era un judío desterrado que Nabucodonosor había traído de Jerusalén junto con Jeconías, rey de Judá. Mardoqueo había adoptado a su sobrina Esther quien había perdido a sus padres a muy corta edad. Esther era una joven elegante y maravillosa, extremadamente bella y por supuesto cuando Mardoqueo supo del edicto del rey de reunir a cuanta joven hermosa hubiera para llevarla a la fortaleza de Susa no se hizo esperar y llevo a su sobrina al palacio del rey.

Todas las doncellas eran llevadas al Palacio y preparadas para presentarse ante el rey según su turno por un largo periodo, finalmente le toco a Esther presentarse ante el rey y este quedo prendado de su belleza, se ganó su afecto y cariño más que cualquier otra joven y la escogió como reina poniendo en su cabeza la corona real.

Esther por supuesto no conto a nadie cuales eran sus orígenes.

El rey puso a Amán al frente de todos los altos funcionarios y ordeno que todos los subordinados, tenían que arrodillarse y agacharse ante él.  Pero Mardoqueo se negó a hacerlo, cuando los demás le preguntaron porque no obedecía la orden del rey este finalmente les dijo que era judío.  Entonces lo denunciaron ante Aman y este, furioso, quiso no solo castigar a Mardoqueo sino a todos los judíos que había en el reino de Asuero.

Engañó y convenció al rey de que el pueblo judío no observaba las leyes, que tenían malos sentimientos hacia su gobierno y que estaban dispuestos a cometer los peores crímenes para impedir que el reino viviera en paz, y así el rey autorizo que se escribieran cartas que ordenaba matar y exterminar a todos los judíos y además expropiar todos sus bienes.

Al enterarse Mardoqueo de estas determinaciones rasgo su ropa, se puso un saco y se cubrió con ceniza, ya que para los judíos, la ceniza era una forma de mostrar luto y penitencia públicamente, indicando siempre una situación penosa y triste.

Esther también se enteró y quedo horrorizada, Mardoqueo le había enviado una copia del decreto de exterminación y le ordenaba a Esther que fuera a ver al rey para implorarle su bondad y suplicarle en favor de su pueblo, recordándole la época en que ella había quedado desamparada y el, la había acogido y alimentado.

Esther dudando y temiendo recordó a Mardoqueo que cualquier hombre o mujer que entrara en los aposentos del rey sin haber sido llamado era reo de muerte, la ley no hacía excepciones al respecto, pero Mardoqueo le respondió: “No creas que serás la única entre los judíos que escapará de la muerte por estar en el palacio real.  Si callas ahora, la salvación y la liberación llegarán a los judíos de otra parte, pero tú y la casa de tu padre morirán. Quién sabe si no fue para un día como este que tu llegaste a ser reina.” (Est 4, 13-14)

Esther le pidió entonces a Mardoqueo que reuniera a todos los judíos y oraran y ayunaran por tres días y ella misma se refugió en el Señor presa de una angustia mortal. (cfr. Est 14,17). Al tercer día se vistió de nuevo con sus galas y deslumbrante de belleza invoco al Dios que todo lo ve y que salva, tomo a dos de sus damas y con su rostro radiante de confianza se presentó ante el rey.

Este estaba sentado en su trono, levanto la vista y le lanzo una mirada furiosa a Esther como la que nos lanzaban nuestros padres cuando desobedecíamos una orden.  La reina se puso pálida y se desmayó, entonces Dios transformó el corazón del rey y lo dispuso a la ternura, muy preocupado se levantó de su trono y tomo a Esther en sus brazos hasta que volvió en sí. La reconfortaba con palabras delicadas y le dijo: ¿Que tienes reina Esther? Pídeme lo que quieras, aunque sea la mitad de mi reino te lo daré. Esther no solo era bella sino muy inteligente y tenía a su lado al mejor aliado, así que se las arregló para poner en evidencia a Amán y finalmente el rey lo mando matar en la horca que el mismo Amán había preparado para matar a Mardoqueo antes de saber que el rey lo quería honrar.

Y fue así como Esther salvo de la exterminación al pueblo judío, convenció al rey no solo de salvar a su pueblo ordenando a las provincias hacer caso omiso de las cartas enviadas por Amán, sino que revertió la situación en favor de los judíos quienes castigaron a los que les habían deseado el mal. Mardoqueo se volvió cada vez más poderoso y los judíos pasaron a espada a todos sus enemigos incluyendo a los diez hijos de Amán.

Como cualidades de carácter en Esther encontramos su afecto, lealtad y obediencia a Mardoqueo, su decisión y valor al oponerse a Amán, su valor al presentarse ante el rey arriesgando con ello su propia vida y por supuesto su confianza y amor en Dios.  Ella actuó con mucho tacto e inteligencia a pesar de haber tenido lujo, comodidades, joyas y las atenciones del rey, jamás perdió la conciencia de sus orígenes ni su fe en Dios.

El presente escrito fue tomado de la reflexión personal del equipo de presentadores del programa sabatino de radio Palabra y Vida coordinado por Jorge A. Cervantes Alday, y es transmitido en Radio Guadalupana (1240 AM) en Ciudad Juárez, México.

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