Publicanos y paganos

 

Queridos hermanos:

Platicando un día con cierta persona que son fáciles en juzgar a los demás, me decía que si Jesús volviese a venir a mundo, los cristianos de misa dominical ocasional y aquellos que no les gusta cambiar las cosas que “siempre se han hecho así” en tal parroquia o movimientos, serían capaces de volver a crucificar a Jesús.

Es una manera metafórica de decir que muchos cristianos de ahora, no somos mejores que los puritanos judíos amantes de la ley y del estatus del tiempo de Jesús. “Es cierto” – le dije – “pero no solo ellos, sino tambén aquellos que lo rechazan, los que lo difaman, los que pecan de muchas otra formas.

Rápidamente me dijo: “No, ellos no, pues recuerda que Jesús era amigo de los pecadores y prostitutas, estos, hoy día serían tambien sus amigos”.

No había manera de seguir la convesación por las circunstancias, pero me quedé pensando con cuanta frecuencia escuchamos que Jesús efectivamente comía con pecadores y damos por hecho que ser pecador era casi garantía de ser amigo de Jesús y por consiguiente, benficiario de su salvación.

Escuchemos la Escritura:

(Mat 9,10-11) Y sucedió que estando él a la mesa en la casa, vinieron muchos publicanos y pecadores, y estaban a la mesa con Jesús y sus discípulos. 11 Al verlo los fariseos decían a los discípulos: «¿Por qué come vuestro maestro con los publicanos y pecadores?»

(Mat 21,31-32) ¿Cuál de los dos hizo la voluntad del padre?» —«El primero»— le dicen. Díceles Jesús: «En verdad os digo que los publicanos y las prostitutas llegan antes que vosotros al Reino de Dios. 32 Porque vino Juan a vosotros por camino de justicia, y no creísteis en él, mientras que los publicanos y las prostitutas creyeron en él. Y vosotros, ni viéndolo, os arrepentisteis después, para creer en él.

Estas citas nos hacen ver que efectivamente Jesús era amigo de publicanos y prostitutas, todos ellos pecadores. Lo que esta personas se le escapa ver, es que Jesús es amigo también de los cristianos tibios, y amigo también de aquellos que lo crucificaron (Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen [Lc 23, 34]). El anuncio del Reino de Dios es precisamente ese: Que Dios es amigo de todos lo hombres, porque todos y cada uno de nosotros somos obra suya.

Más, hay un detalle que se nos ovida: Que Jesús sea o quiera ser amigo de todos, eso no garantiza que nosotros queramos ser amigos de Jesús. Para eso, hay que caminar por la vía de la santidad. Escuchemos nuevamente la Escritura:

Luc_3:12 Vinieron también publicanos a bautizarse, que le dijeron: «Maestro, ¿qué debemos hacer?»

Luc_7:29 Todo el pueblo que le escuchó, incluso los publicanos, reconocieron la justicia de Dios, y se hicieron bautizar con el bautismo de Juan.

La misma Escritura da testimonio de que eran muchos los que lo seguían y muchos los que se acercaban a su mesa, pero no todos se…convirtieron, no todos aceptaron su bautismo, no todos siguieron el camino que les propuso. Hubo quienes prefirieron seguir viviendo igual a como lo habían hecho hasta ese momento, y esos, también gritaron “crucifícale” ante Poncio Pilato.  

Hermanos, no nos dejemos confundir cuando nos dicen que el cristianismo está destinado a desaparecer, y cuando nos señalen nuestros defctos y nos digan que si nosotros que somos como somos estamos dentro de la Iglesia, la vamos a echar a perder. Que no nos asuste que nos digan pecadores y que nos señalen nuestras faltas. La Iglesia de Dios es santa, pero no perfecta. Nosotros hemos recibido la santidad desde el bautismo, pues ahí recibimos al Espíritu Santo y somos consagrados a Dios, lo que nos hace de su propiedad, y todo lo que es consagrado a Dios es santo, porque es de Dios.

Pero no somos perfectos. Ningún santo lo ha sido. Ejemplos hay muchos: Moises, el rey David, San José, San Francisco de Asís, San Jerónimo, San Agustín, Santa Teresa, San Felipe de Jesús, San Pedro, Santa Catalina, Santa Rita. Y tampoco ninguno de ellos nació santo; algunos fueron pecadores empedernidos.

Con toda confianza puedes contestar a quien te acuse: Si, soy pecador, igual o más que tu; ni vivo como santo, ni soy perfecto, pero esa no es causa para que la Iglesia se acabe, al contrario, si no hubiese pecadores, Cristo no habría venido al mundo (Mat 9,13 Porque no he venido a llamar a justos, sino a pecadores.), sin embargo, vivo constantemente en el proceso de conversión, de sanación. Llevo mi pecado por el camino de la santidad, trabajando duro, esforzándome todos los dias por mejorar, por ser más santo.

Como dijo una vez mi hermado cuando le dijeron: “Mira como te enojas y eso que vas a la Iglesia”, a lo que él respondió: “imáginate como sería si no estuviera”.

Nadie tenemos que juzgar a los demás, pues solo Dios conoce el corazón de cada una de sus creaturas.

Pero si podemos, y debemos de juzgarnos a nosostros mismos y llegado el momento reconcer la justicia de Dios, como nos dice San Lucas y obrar en consecuencia, buscando vivir y compartir la buena nueva de Dios, haciendo el mundo más justo, más humano, más amoroso.

Nos toca, más que juzgar, orar por todos aquellos que han recibido el bautismo, que llevan consigo al Espíritu Santo de Dios y que viven como si no lo llevaran, como si nunca lo hubiesen recibido, como si no lo necesitaran y no lo desearan; para que llegado el momento, el Señor les haga sentir su presencia, su existencia y la necesidad de caminar por la via de la santidad para beneficio de ellos mismos y de todos aquellos con los que tienen relación. Por Cristo nuestro Señor, Amén.