¿Necesitas ayuda?

 

¿Necesitas ayuda?

 

Queridos hermanos:

Constantemente encontramos respuestas o modelos de vida en la Sagrada Escritura, siempre y cuando estemos dispuestos a entenderlos.

Hoy es el libro del Éxodo el que nos llama la atención sobre un tema que parece olvidamos con frecuencia. Escuchemos:

 

(Exo 18, 13-17.20s.23-24) Al día siguiente, se sentó Moisés para decidir en los asuntos del pueblo; y el pueblo estuvo ante Moisés desde la mañana hasta la noche. 14 Al ver el suegro de Moisés todo los que éste hacía por el pueblo, le dijo:

«¿Qué es lo que haces con el pueblo? ¿Por qué te sientas tú solo mientras todo el pueblo está ante ti desde la mañana hasta la noche?»

15 Contestó Moisés a su suegro:

«Es que el pueblo acude a mí para consultar a Dios. 16 Cuando tienen un pleito, vienen a mí y yo decido entre unos y otros, y les enseño los preceptos y las leyes de Dios.»

17 El suegro de Moisés le respondió:

«No está bien lo que estás haciendo. 20 Instrúyele en los preceptos y las leyes, enséñale el camino que debe seguir y las obras que ha de practicar. 21 Pero elige de entre el pueblo hombres capaces, temerosos de Dios, hombres honrados e incorruptibles, y ponlos al frente del pueblo como jefes de mil, de ciento, de cincuenta y de diez. 23 Si haces esto, Dios te comunicará sus órdenes, tú podrás resistir, y todo el pueblo podrá volver a su casa en paz.»

24 Moisés siguió el consejo de su suegro e hizo todo lo que le dijo.

 

Esto nos debe hacer pensar a aquellos que con frecuencia nos enrolamos en el servicio de una parroquia, de una comunidad, de una asociación o incluso dentro de un trabajo empresarial y llegamos al momento en que 24 horas no son suficientes para resolver todos nuestros “pendientes”.

Es un craso error pensar en que por estar en comunicación constante con Dios nos vamos a volver súper poderosos, luchadores incansables, que todo lo pueden y que no necesitamos, como dice el dicho, “vejigas para nadar”. ¡Aguas! ¡aguas con la soberbia! Si. Porque se trata de soberbia pensar que tengo una carga que llevar impuesta por Dios y que esa carga es estar, como lo estaba Moisés, 24 horas al servicio del pueblo, como dice el versículo 20, “instruyéndolo en los preceptos y las leyes, enseñándole el camino que debe seguir y las obras que ha de practicar”.

Todo conjunto de personas para poder pensar en llevar a cabo una obra común y querer que tenga éxito depende de la organización. Y aunque seguramente Jetró no le presentó un organigrama a Moisés, ni descripciones de puesto para cada representante, y mucho menos estándares de medición o indicadores del desempeño, como lo haríamos hoy en cualquier organización que se precie de tal, si debió de empezar por repartir la carga de trabajo.

Detengámonos un poco en Jetró. Hombre práctico y de pensamiento claro. El pueblo que salió de Egipto se empezó a multiplicar en el desierto, y 40 años en este hábitat es el medio de cultivo perfecto para pleitos y desavenencias, por lo cual el trabajo de Moises se dividía en dos: Resolver los pleitos entre vecinos e instrucción sobre Dios y la mejor forma para obedecerlo y llegar a la vida eterna. Lógica fundamental: entre más tiempo pasaba, más personas había y más complicada se hacía la forma de vida en común, en un ambiente de viento, arena y sol. A este pasó, serían necesarias más de 24 horas por día para atender o resolver al pueblo; eso sin contar con lo cansado del asunto. Aquellos que hemos trabajado con personas, sabemos que problemas graves cansan por el esfuerzo que implica buscar una solución, pero problemas simples agotan, por la paciencia requerida para solucionar y llevar la fiesta en paz. Y luego que el pueblo judío (como nosotros también) practicaban mucho nuestro deporte nacional: No, no el fútbol, sino el quejarnos: ¡Aaay, Moises no baja del monte! ¡Aaay, nos vamos a morir de sed! ¡Aaay, nos vamos a morir de hambre! ¡Aaay, ya no queremos maná, queremos comer carne! ¡Ay…!¡Ay…!¡Ay…!

Ahora miremos un poco a Moisés, quien recibe un consejo de su suegro. ¿Que no podría haberle contestado algo así como…?

“¿Que me dice suegrito? ¿Que necesito ayuda? ¿yoooo? ¿Más ayuda que la del Señor cuando me permitió partir el mar en dos para que cruzara el pueblo sin mojarse y escapara de sus enemigos? ¿a mí que me permitió sacar agua de la roca? No señor, no necesito ayuditas, con la ayudota con que ya cuento es más que suficiente.

Expuesto de ese modo, suena verdaderamente soberbio, ¿no es cierto? ¡Y cuantas veces esa es nuestra respuesta cuando alguien nos sugiere ayuda! El que el Señor escoja a cualquiera para hacer grandes obras, no quiere decir que ese alguien es el “papas fritas” o el consentido de Dios para toda la vida. El Señor constantemente nos recuerda que aparte de la ayuda que Él nos da para cualquier tarea, debemos ser conscientes de que nos necesitamos también unos a otros para lleva a cabo la gran tarea que nos ha encomendado: “que todos los hombres se salven”[1].

Es una tarea que nos atañe a todos y en la que todos debemos estar comprometidos. Posteriormente, Pedro entenderá esta necesidad y nombrará a 7 diáconos para, adivinen que: ¡Si! atender a las “quejas de los helenistas contra los hebreos, porque sus viudas eran desatendidas en la asistencia cotidiana”[2].

Y no se trata de aferrarnos a una tarea u oficio e ir multiplicando actividades hasta desfallecer. Se trata de encontrar colaboradores que estén comprometidos por una causa común. Hasta en el mundo de la economía vemos esta necesidad. Una persona que pone un negocio y poco a poco, con mucho trabajo lo va haciendo crecer hasta convertirlo en una empresa multimillonaria. No sería esto posible sin colaboradores que vayan enfocados en la misma línea. La falta de esta visión de conjunto ha llevado al traste a todo tipo de organización humana. Por eso las dictaduras no prosperan ni traspasan a sus fundadores.

Así que, si eres de los que requieren días de 36 horas, de los que no enseñan a los demás a aprender tu oficio, de los que se adueñan de un ministerio, de los que piensan que nadie en el mundo puede hacer las cosas igual o mejor que tú, ¡aguas! Estás abusando de las capacidades que Dios te ha dado, porque dentro de ellas, está el buscar y encontrar personas comprometidas que le den seguimiento a una obra que no es tuya, es de Dios.

Dios mismo puso el ejemplo: ¿En verdad necesitaba la ayuda de los doce y de entre ellos, un traidor?

Soy Jorge Cervantes del Instituto Biblico San Jerónimo. Hasta la próxima.