La pureza del sacrificio

 

Queridos hermanos:

En esta ocasión, es el profeta Malaquías quien nos propone un tema para reflexión. Escuchemos:

(Mal 1, 6-8.12-14) El hijo honra a su padre y el siervo a su señor. Ahora bien, si soy padre, ¿dónde está el honor que merezco? Y si soy señor, ¿dónde está el respeto que se me debe? Yo, el SEÑOR Todopoderoso, les pregunto a ustedes, sacerdotes que desprecian mi nombre.

Y encima preguntan: “¿En qué hemos despreciado tu nombre?” 7 »Pues en que ustedes traen a mi altar alimento mancillado. »Y todavía preguntan: “¿En qué te hemos mancillado?” »Pues en que tienen la mesa del SEÑOR como algo despre-ciable. 8 Ustedes traen animales ciegos para el sacrificio, y piensan que no tiene nada de malo; sacrifican animales cojos o enfermos, y piensan que no tiene nada de malo. ¿Por qué no tratan de ofrecérselos a su gobernante? ¿Creen que estaría él contento con ustedes? ¿Se ganarían su favor? —dice el SEÑOR Todopoderoso—.

12 Pero ustedes lo profanan cuando dicen que la mesa del Señor está mancillada y que su alimento es despreciable. 13 Y exclaman: “¡Qué hastío!” Y me tratan con desdén —dice el SEÑOR Todopoderoso—. ¿Y creen que voy a aceptar de sus manos los animales lesionados, cojos o enfermos que ustedes me traen como sacrificio? —dice el SEÑOR—.

14 »¡Maldito sea el tramposo que, teniendo un macho aceptable en su rebaño, se lo dedica al Señor y luego le ofrece un animal mutilado! Porque yo soy el gran rey —dice el SEÑOR Todopoderoso—, y temido es mi nombre entre las naciones.

Lo primero que nos llama la atención es el lenguaje un tanto amenazador, típco de los profetas del antiguo testamento. Conviene ubicar en que momento escribe el profeta. Malaquías aparece en escena después de que el pueblo de Israel regresa el exilio. Para el tiempo en que escribe, el templo de Jesuralén está ya reedificado, tarea que culminan Esdras y Nehemías unos años antes y que por lo tanto ya se ha reanudado el culto.

En este contexto, el profeta inicia recordando el amor de Dios por su pueblo, para luego luchar contra los mismos abusos que ya fueron marcados en los libros de Esdras y Nehemías, es decir, la corrupción de las tribus vueltas de Babilonia, entre los cuales están los abusos en el culto.

"El estado moral de los judíos en Palestina se hallaba entonces bien lejos de ser perfecto. Una profunda depresión se había producido a este respecto. Malaquías nos muestra a la nación teocrática descontenta de su Dios porque tardaban mucho, según ella, en realizarse las promesas de los profetas anteriores" (Fillion).

Empieza tratando de los sacerdotes y del culto, por lo cual reprende a los ministros del Señor que se han olvidado del carácter sagrado de su cargo y es aquí en este primer capítulo en que nos lleva a reflexionar.

Podemos entender ahora, porque el tono de la perícopa, pero ello nos sirve para traer este texto y traducirlo, si puedo utilizar la expresión, a nuestros días.

La historia de Israel en el AT se caracterizó por luces y sombras; periodos buenos y otros malos, momentos de cercanía con Dios y también de lejanía. Y esto bien mirado, es también la historia de la Salvación y muy en concreto la historia de cada uno de nosotros. Todos hemos vivido en mayor o menor medida momendos de docilidad, cercanía y amor a Dios, y otros de rebeldía, lejanía e indiferencia.

Más el Señor, ese Dios que nos ama incondicionalmente, nos ha enviado a su Hijo como garantía de permanencia voluntaria al lado del ser humano para alcanzar la Salvación y vivir eternamente. Y ahora, después de Cristo, ya no solo los sacerdotes llevan afrendas al altar sino que tenmos oportunidad de hacerlo todos y cada uno de los que participamos en el santo sacrificio de la Misa.

Cada domingo, o cada que asistimos a Misa, vivimos un momento llamado el ofertorio, en donde ofrecemos no solo una aportación económica, sino los trabajos, intenciones, logros, sacrificios y esfuerzos realizados durante la semana o el dia. La ofrenda económica se ve, las otras ofrendas no. Pero un uno y otro caso vale la pena preguntar si en realidad es lo que puedo dar y si mi ofrenda es pura y digna y si está falseada y estoy entregando en el altar a Dios “gato por liebre”.

Los ojos de los hombres podrán ser engañados, pero los de Dios no. El Señor sabe si ese esfuerzo que ofreces es genuino y real o si te estás queriendo pasar de listo.

Ya no ofrecemos animales, pero si hoy ofreces un ayuno, y este ayuno queda más que compensado con la comida y la cena, tu ayuno está tuerto.

Si ofreces un servicio parroquial o comunitario, pero este servicio te es más bené-fico a ti (porque te hace sentir bien) y poco te importa el benficio de los demás (o como se sientan con lo que estás haciendo), tu servicio está cojo.

Si ofreces tus oraciones (rosarios, coronillas, novenas) a Dios, para mejorar el ambiente de nuestra ciudad, pero ello no te mueve a hacer algo concreto y práctico en favor de la comunidad o ni siquiera a cambiar alguna actitud tuya que afecta a algún amigo, familiar o compañero de trabajo, tus oraciones están enfermas.

Finalmente, relexionemos en el versículo 14: 14 »¡Maldito sea el tramposo que, teniendo un macho aceptable en su rebaño, se lo dedica al Señor y luego le ofrece un animal mutilado!

El Señor no nos pide que nuestra ofrenda sea mucha o poca, grande o pequeña, económica o en especie, en tiempo o en trabajo; lo que nos pide es que sea pura, auténtica, sin dobleces; que no hagamos trampa, que no ofrezcamos algo, y que a la hora de la Misa, a la hora de estar frente a Él, le salgamos conque lo que llevamos al altar no era lo que le habíamos dicho, le salgamos, con que le hemos mentido.